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NIÑOS Y PANTALLAS: ¿CUÁNTO TIEMPO ES DEMASIADO?

hace 6 días
7 min de lectura

Actualizado: hace 6 días

¿Cómo sería pasar un día sin tecnología?

¿Te imaginas pasar un día entero sin celular, sin televisor, sin computadora, sin internet o sin redes sociales?

Por lo menos para mí, resulta bastante difícil imaginarlo. Desde que despierto, lo primero que hago es tomar el celular para apagar la alarma, revisar Facebook, informarme sobre lo que ocurrió mientras dormía y comenzar mi día. Además, por mi trabajo en Marketing Digital, es normal que pase varias horas frente a una pantalla. De hecho, sin tecnología, probablemente me quedaría sin trabajo.

Lo cierto es que, como sociedad, nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de pantallas. Gracias a ellas tenemos acceso a información, podemos comunicarnos, estudiar, trabajar, crear, entretenernos y acceder a innumerables herramientas.

El problema no está necesariamente en utilizar la tecnología. El desafío aparece cuando las pantallas comienzan a ocupar el lugar del sueño, el juego, la actividad física, la lectura, la convivencia familiar o las relaciones cara a cara.

Y cuando hablamos de niños y adolescentes, este tema merece todavía más atención.

¿Qué dicen los estudios sobre el uso de pantallas?

El Dr. Michel Desmurget, neurólogo pediatra que se enfocó a investigar la influencia de las tecnologías en el desarrollo cerebral, escribió el libro: “La fábrica de cretinos digitales: los peligros de las pantallas para nuestros hijos”, un título bastante polémico, pero que invita a reflexionar profundamente sobre este tema.

En su investigación menciona que el tiempo que niños y adolescentes pasan frente a pantallas ha aumentado considerablemente en las últimas décadas:

- Niños de 2 años tienen un consumo promedio de aproximadamente 3 horas diarias de pantallas.

- Niños de 8 a 12 años consumen cerca de 5 horas diarias.

- Adolescentes de 13 a 18 años llegan a casi 7 horas al día.

Muchos de nosotros no solemos medir cuánto tiempo pasamos frente a una pantalla. Y si lo hiciéramos, probablemente nos sorprenderíamos de lo rápido que pasan las horas cuando estamos sumergidos en TikTok, Facebook, Instagram, YouTube o videojuegos.

Y en el caso de niños y adolescentes, sumergidos en videos de YouTube, Bluey, Peppa Pig, Paw Patrol, Cocomelon y videojuegos como Brawl Stars, Fortnite, Free Fire, Minecraft, Roblox o Call of Duty.

Lo que he observado trabajando con niños y adolescentes

Como capacitadora en Kamani, he tenido la oportunidad de trabajar con cientos de niños y adolescentes de diferentes edades, contextos sociales, ciudades y comunidades. A lo largo de esta experiencia he podido observar que varios presentan dificultades relacionadas con la atención, la concentración, la lectura comprensiva o la escritura.

Al investigar más sobre este tema, encontré que diversos estudios han comenzado a relacionar el uso excesivo de pantallas con problemas en áreas como la atención, el sueño, el aprendizaje y la regulación emocional.

Por supuesto, las dificultades de aprendizaje tienen múltiples causas y no pueden atribuirse únicamente a las pantallas. Sin embargo, el tiempo excesivo frente a dispositivos sí parece ser un factor importante que merece atención.

La diferencia entre nuestra infancia y la de hoy

Cuando yo era niña, hace unas dos décadas atrás, la única pantalla que utilizaba en mi casa era la televisión y los programas para niños solo se transmitían de lunes a viernes de 4 a 6 de la tarde y los fines de semana muy temprano en la mañana.

No existían plataformas como YouTube, TikTok o Netflix con contenido disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Tampoco era común que los niños tuvieran dispositivos personales con acceso ilimitado a internet.

Hoy la realidad es muy diferente, los niños y adolescentes tienen acceso ilimitado a contenido diseñado para captar su atención rápidamente. La diferencia en el volumen de consumo es enorme, y el riesgo aumenta cuando no existe supervisión adulta o límites saludables.

¿Cómo afectan las pantallas al desarrollo infantil y adolescente?

El impacto de las pantallas no depende únicamente del número de horas. También importa qué actividad se está realizando, con qué frecuencia, en qué momento del día y qué otras actividades están siendo desplazadas.

1. Sueño:

El uso de dispositivos, especialmente durante la noche, puede interferir con los hábitos de sueño. Dormir adecuadamente es fundamental para el crecimiento, el aprendizaje, la memoria y la regulación emocional. Por eso, establecer momentos libres de pantallas antes de dormir puede ser una estrategia sencilla y beneficiosa.

2. Actividad física:

Cuando gran parte del tiempo libre se dedica a permanecer sentado frente a una pantalla, puede disminuir el tiempo destinado al movimiento y al juego activo. Los niños necesitan correr, saltar, jugar, explorar y desarrollar sus habilidades motoras.

3. Atención y aprendizaje:

Cuando los niños se acostumbran a consumir constantemente contenidos breves, rápidos y altamente estimulantes, pueden comenzar a buscar cada vez más este tipo de estímulos y tener dificultades para permanecer en actividades que requieren más tiempo y concentración. Esto puede hacerse evidente cuando necesitan escuchar una explicación en el aula, leer un libro, realizar una tarea o mantener la atención durante un período prolongado.

4. Bienestar emocional:

El excesivo uso de dispositivos puede relacionarse con irritabilidad, dificultades para desconectarse, ansiedad ante la ausencia del celular o pérdida de interés por otras actividades.

5. Relaciones familiares y sociales:

Cuando gran parte de su tiempo libre transcurre a solas frente a una pantalla, se reducen las oportunidades de desarrollar habilidades fundamentales para relacionarse con otras personas: conversar, escuchar, esperar turnos, interpretar emociones, resolver conflictos, expresar lo que sienten y participar en juegos compartidos. Por eso, no se trata únicamente de cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, sino también de qué experiencias están dejando de vivir durante ese tiempo.

No voy a decir ahora que nos deshagamos de las pantallas y no las usemos más. La tecnología es útil, necesaria y forma parte del mundo actual. Sin embargo, el reto está en que nosotros como adultos aprendamos a usarla correctamente y de la misma manera les enseñemos a los niños a desarrollar un uso consciente, seguro y equilibrado.

¿Cuánto tiempo de pantalla es recomendable según la edad?
- Niños menores de 2 años

La Organización Mundial de la Salud no recomienda el uso de pantallas en esta etapa ya que exponerlos a ellas puede provocar: sedentarismo, retraso en el desarrollo de actividades motoras, retrasos en el lenguaje, problemas de sueño y menor interacción social. Durante los primeros años de vida, la prioridad debería estar en la interacción con los adultos, el juego, el movimiento, la exploración y el descanso.

- Niños de 2 a 5 años

El tiempo frente a pantallas no debería superar 1 hora diaria y debe ser acompañado de un adulto. Además del tiempo, es importante prestar atención al contenido, lo ideal es seleccionar contenidos apropiados para la edad, evitar material violento, buscar contenido interactivo, educativo y con ritmo tranquilo. Mientras menor sea el tiempo de exposición, mejor.

- Niños de 6 a 12 años

Se sugiere un consumo de entre 1 y 2 horas de consumo máximo diario. La Academia Americana de Pediatría enfatiza que es importante para niños de esta edad mantener un equilibrio entre sueño, actividad física, escuela, tiempo en familia, juego al aire libre y descanso. Además, que este uso debe ser supervisado por un adulto, ya que internet y algunos videojuegos pueden exponer a niños y adolescentes a riesgos como: ciberacoso, grooming, sexting, exposición a contenido pornográfico. Como adultos debemos prepararnos para enseñarles sobre estos riesgos y cómo protegerse. (En un próximo blog estaremos hablando de ellos).

- Adolescentes de 13 a 18 años

Muchos especialistas consideran razonable que el tiempo recreativo frente a pantallas no exceda aproximadamente entre 2 y 3 horas diarias de uso recreativo (es decir, excluyendo tareas escolares o académicas). Y con los adolescentes no solo es importante la cantidad de tiempo en pantallas sino saber que consumen, como interactúan, que redes sociales usan y como afectan en su salud mental.

¿Qué podemos hacer como familias?

Después de conocer lo que dicen los expertos acerca de los riesgos del excesivo uso de pantallas en los niños, como familias estamos a tiempo de corregir acciones y construir hábitos más saludables.

Estos pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia:

1. Evitar el uso de celulares durante las comidas familiares:

Que los momentos compartidos no sean recordados como instantes donde todos estaban detrás de una pantalla, sino como espacios de conversación, risas y conexión.

2. Establecer horarios y límites saludables:

Controlar el tiempo en pantallas no solo de los niños, sino también de los adultos. Los niños aprenden mucho más de lo que ven que de lo que escuchan.

3. Evitar las pantallas antes de dormir:

Crear una rutina nocturna sin dispositivos 1 a 2 horas antes de dormir, puede favorecer mejores hábitos de sueño.

4. Buscar actividades familiares alternativas:

No basta con decir: “Deja el celular”, también necesitamos ofrecer alternativas. Promover actividades que favorezcan el desarrollo físico, emocional y cognitivo como: deporte (salir a una cancha a jugar futbol, básquet o trotar), arte (tiempos de pintura o colorear), música (aprender a tocar un instrumento o cantar juntos) y lectura (buscando libros de interés de los niños como aventura y conocimiento).

5. Enseñar con el ejemplo:

Este quizás sea uno de los mayores desafíos. Si queremos que nuestros niños aprendan a desconectarse y a explorar el mundo, nosotros también necesitamos hacerlo.

“Nuestros inventos suelen convertirse en juguetes bonitos que distraen nuestra atención de las cosas verdaderamente importantes.” Henry David Thoreau

Los niños y adolescentes necesitan experiencias reales, movimiento, creatividad, conexión humana y recuerdos fuera de una pantalla. Enseñémosles que existe un mundo lleno de experiencias y aventuras por explorar.

Al principio compartí que, por trabajo, paso constantemente muchas horas frente a pantallas. Sin embargo, he comenzado a realizar pequeños cambios en mi rutina: hacer deporte, ejercitarme para evitar el sedentarismo, disfrutar mis momentos con familia y amigos sin estar pendiente del celular y no responder mensajes que no son urgentes. También estoy recuperando poco a poco el hábito de la lectura.

No siempre es fácil, pero cada pequeño cambio cuenta.

Al final, son esas pequeñas acciones las que nos ayudan a mantenernos conectados con la vida real y con las personas que amamos.

 

 
 
 

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